domingo, 12 de mayo de 2013

SOBRE EL MERCADO CENTRAL




El incendio del Mercado Central de nuestra ciudad, un ícono de la arquitectura y un símbolo de nuestro patrimonio cultural, dejó de manifiesto la fragilidad de aquellos puntos que han formado parte de la identidad local. Este blog, cuyo objetivo ha sido difundir fragmentos de la historia arquitectónica y urbana de la ciudad no podía mantenerse en silencio respecto a tal grave hecho.

El Mercado, aunque quieran negarlo sus detractores, se mantenía como un fuerte y férreo punto de intercambio comercial y social además de ser una expresión del comercio personalizado, a cuadras de los adoptados centros comerciales propios del sistema capitalista globalizado en el que estamos insertos. Es un hecho que el Mercado no estaba en el mejor de los estados, pero hay que hacer una diferencia, Concepción ha sido testigo del letargo y decadencia de numerosos puntos que han pasado a ser ruinas e inertes símbolos del olvido, el Mercado por su parte, se mantenía como el punto más vivo del centro penquista, con la mayor cantidad de colores y sensaciones a pesar de estar albergado en un edificio que para algunos era impresentable, sucio y roñoso, (si, muchos pensaban eso). 

Muchos hablan de la tragedia, claramente nos afectó a todos los que apreciamos y valoramos los rincones históricos y patrimoniales de nuestra ciudad pero en este artículo quisiera hacer una breve mención a la historia del mismo Mercado. Sabemos que la manzana Caupolicán, Maipú, Rengo y Freire es la más cara de Concepción y que ha estado rondada por buitres que esperaban ver carroña para atacar pero siempre esta manzana se mantuvo viva a pesar de las adversidades. Si retrocedemos un poco en el tiempo nos encontramos con los antecedentes del primer mercado de Concepción conocido como la “Recova”, sitio que vemos en los planos de Concepción del siglo XIX hasta poco antes del Centenario. La Recova, (término que alude a un lugar de venta de aves de corral), ocupaba la esquina de Maipú con Caupolicán y la esquina de Caupolicán con Freire era ocupada por la antigua Cárcel, la cual se traslada a fines del siglo XIX. Eso lo podemos ver en el plano de Binimelis de 1863 (Fig. 3) y ya en planos de 1870 a 1900 la Recova aparece como ambas esquinas ocupando casi la mitad de la manzana que actualmente ocupa el Mercado, (Fig.3 – Plano de 1912). El edificio que existía hasta antes de 1939 era una imponente construcción de un nivel que presentaba ochavos y una alta influencia neoclásica, similar a los mercados de Santiago y Talca. Si bien en el interior se encontraban los puestos y locales de venta, en el exterior se conformó un perímetro con almacenes, distribución que se hereda con el nuevo edificio de 1940. El viejo edificio poseía comercios como “La Sarita” y “Dónde Golpea el Monito”, siendo el último un local que se mantendría hasta fines de la década de 1980 en el mismo lugar (Figs. 1 y 2). 

Fig.1 - Detalles de planos de 1863 y 1912, en los que vemos los solares que ocupaban, en primer lugar la Recova, próxima a la antigua Cárcel y en segundo lugar al ya Mercado que ocupaba casi la mitad de la manzana en 1912. 
Fig. 2 - Clásica imagen del antiguo edificio del Mercado hacia 1920.  Se aprecian los locales como "La Sarita" y los coches que eran un importante medio de transporte en la ciudad. Se aprecia la concentración de gente en el lugar y ya era un populoso lugar dentro de la ciudad. A lo lejos se ven las torres de la Catedral estrenadas en 1915. Archivo del profesor Alejandro Mihovilovic.
Fig.3 - Uno de los ochavos de una de las esquinas del antiguo Mercado, en esta en particular se aprecia la Casa Alemana, nótese el imponente y pesado frontón. Archivo fotográfico de la Universidad de Concepción.

El terremoto del 24 de enero de 1939 destruye muchos edificios públicos en Concepción, siendo el Mercado uno de los más afectados, los locales que formaban el anillo exterior se desploman y la techumbre del interior cae. Algunas viviendas y comercios próximos al antiguo mercado, como la casa de altos ubicada en Rengo con Maipú, se mantienen en pie pese a la catástrofe. El terremoto obligó a que muchos locales funcionaran en pequeñas estructuras de emergencia para liquidar mercaderías y esperar a la solución de un edificio nuevo como ocurrió con “Donde Golpea el Monito”. 


Fig. 4 - Efectos del terremoto de 1939 en el Mercado, los locales que vimos en la fig.1 están en el suelo, al fondo se aprecia las tambaleantes torres de la Catedral y el edificio Gidi, en la esquina de Caupolicán con Freire, que no presentó daños de consideración y aún se mantiene como vestigio de la ecléctica arquitectura en Concepción en la década de 1930. Colección del Museo de Historia Natural de Concepción. 
Fig. 5 - Vista desde Freire hacia Maipú por Caupolicán en la que se ven las ruinas de los locales que estaban de forma perimetral. Postal de época de casa indeterminada.
Fig. 6 - Vista aérea de la manzana del Mercado, un poco tiempo después del terremoto de 1939, antes de la demolición del edificio. En el extremo inferior izquierdo de la selección, vemos la esquina de Maipú con Rengo, el edificio que aún se mantiene y cuyo destino tras el terremoto de 2010 es incierto. Detalle de postal de época de casa indeterminada propiedad del autor.

Fig. 7 - Esquina de Maipú con Caupolicán c. 1939. Tras la remoción de los escombros vistos en las fotografías anteriores, se instalan estos locales provisorios para los ya emblemáticos almacenes que se ubicaban en el viejo mercado, en este caso por ejemplo, "Donde Golpea el Monito". Fotografía publicada en el libro "Concepción de Antaño" de Armando Cartes y Alejandro Mihovilovic, publicado por El Sur el 5 de octubre de 2011.


Tras el terremoto y la demolición del antiguo edificio se construye el actual que sufrió el incendio. Antes de referirnos a ese hecho y el edificio propiamente tal, haremos una pequeña mención respecto a los arquitectos que trabajaron en el proyecto del Mercado. Estamos hablando de Ricardo Muller y de Tibor Weiner, (Fig. 8), ambos destacados arquitectos que trabajaron en el proceso de reconstrucción de las ciudades dañadas por el terremoto de 1939, en especial Chillán y Concepción. Ricardo Muller, (1887 – 1943), fue un arquitecto egresado de la Universidad de Chile y que tras trabajar en diversos proyectos residenciales, dirige la construcción del Estadio Nacional, proyecto que lo consagraría como arquitecto y lo lleva a trabajar en una serie de proyectos privados. Desde 1939 con la contingencia de la reconstrucción tras el terremoto en la zona centro sur del país, Muller se asocia al MOP realizando importantes proyectos. Tibor Weiner, (1906 - 1965), de origen húngaro, fue discípulo de Hans Meyer en la Bauhaus y recibe la influencia de la escuela y del movimiento moderno. Tras sus estudios y el cierre de la Bauhaus por la opresión nazi en Alemania, Weiner trabaja en la Unión Soviética entre 1931 y 1936 realizando proyectos privados para algunas industrias y compañías así como planes urbanos. Lamentablemente, la Unión Soviética no pasó a ser el escenario más idóneo para las ideas no sólo de Weiner, sino para muchos artistas y arquitectos que pasaron a ser enemigos del llamado realismo socialista. Las revolucionarias ideas derivadas del constructivismo o el suprematismo, pasaron a ser reprimidas a favor de una visión más realista en las artes. Muchos artistas son perseguidos, arrestados y otros huyen. En ese contexto Weiner huye y gracias a la gestión de Pablo Neruda, Weiner y su esposa viajan en barco junto a refugiados españoles que llegan a Chile. Tras su paso en Chile, Weiner vuelve a Europa y realiza proyectos en Hungría. Ya en 1939 Weiner trabaja en el MOP junto a Muller y dirigen el proyecto del edificio de los Servicios Públicos en Chillán, una destacada obra y uno de los primeros íconos de la arquitectura moderna del sur del país en la cual se fusionaban los espacios públicos con los mismos recintos cívicos, todo frente a la Plaza de Armas, formando una rica espacialidad. La exploración formal y espacial seguiría con su segundo proyecto juntos, también en Chillán, estamos hablando del edificio del Cuerpo de Bomberos, otra joya arquitectónica de la cual llama la atención su torre con una expresiva escalera y el manejo de la curva así como columnas fungiformes en el interior del edificio. 




Fig. 8 - Ricardo Muller y Tibor Weiner respectivamente. La fotografía de Muller fue extraída del documento http://concursoparqueciudadania.cl/wp-content/uploads/2011/06/2_Arquitectura_-Christian_Matzner.pdf, mientras que la fotografía de Weiner fue cedida por Daniel Talesnik, publicada en diario El Mercurio el 20 de abril de 2013, pág. 14.

En ese contexto de reconstrucción y de trabajo por sacar adelante las ciudades destruidas por el terremoto aparece el concurso del Mercado de Concepción, concurso que es ganado por la dupla Weiner/Muller y cuya propuesta original tenía una planta con forma de estrella, un núcleo y extremidades , (Fig. 9). Diversas vicisitudes hicieron modificar el proyecto a lo que conocemos todos como el Mercado. El proyecto se edifica rápidamente como todos los edificios públicos de la ciudad de Concepción, ya en 1940 están casi concluidos el Mercado y el Hospital Regional, en un par de años ya estarían listos el Correo, la Intendencia, la Estación de Ferrocarriles, la Caja de Empleados Particulares y algunos establecimientos educacionales, todos influenciados por la líneas modernas y racionalistas formando una nueva Concepción.


Fig. 9 - Maqueta del proyecto original de Weiner/Muller. Un proyecto bastante alejado de lo que conocemos actualmente como el Mercado Central. Fotografía publicada originalmente publicada en la revista Arquitectura y Construcción. Cortesía de David Maulen.

Fig. 10 - Proyecto definitivo. La fotografía muestra el Mercado hacia 1950. Fotografía publicada en el Libro de Oro de Concepción: 1550 - 1950. 

El proyecto del Mercado comprende un partido general simple, con un núcleo que alberga los puestos de venta rodeado por un perímetro con almacenes, distribución heredada del proyecto original pero formalmente distinta, en este caso se propuso una gran bóveda con una resistente estructura realizada en hormigón armado con una serie de arriostramientos que permiten su estabilidad y firmeza. La bóveda en cuestión está algo levantada por sobre el nivel de la calle y se incluyó además un subterráneo. Desde sus inicios en la gigantesca bóveda se albergaron puestos dedicados a la venta de hortalizas, frutas, flores, carnes y las mismas cocinerías, importantes locales heredados del antiguo mercado. Rodeando la bóveda se propuso una serie de almacenes, distribución que ya se manifestó en el antiguo Mercado previo a 1939, en esos locales se establece el comercio más formal, con panaderías, ferreterías y tantos otros comercios. Algunos locales mantuvieron su posición como ocurrió con el ya mencionado “Donde Golpea el Monito” en la esquina de Caupolicán con Maipú. Un detalle interesante es la esquina de Rengo con Maipú, en la que la casa de altos se mantiene tras el terremoto y permanece hasta nuestros días, junto a otra propiedad en Maipú forman una pieza que no es parte del Mercado y como vemos en planta, impidió el uso total de la manzana para el edificio, (Figs 11 - 12).


Fig. 11 - La casa de altos en Rengo esquina Maipú en su estado original y en el 2012. Postal de época de casa desconocida y fotografía del autor.

Fig. 12 - En primer lugar, tenemos la planta del edificio, la sombra roja es lo que está cubierto por la bóveda, marcada en la elevación por calle Caupolicán expuesta en el inferior, la sombra naranja corresponde al perímetro hacia la calle con los recintos para albergar almacenes varios, la sombra gris corresponde a los sitios no entregados para la construcción del Mercado, (la casa de altos vista anteriormente y la construcción por Maipú) y la sombra verde es el antiguo estacionamiento y patio de camiones, actualmente la Galería Las Palmas. Intervención sobre planimetría levantada por Mauricio Carrasco, publicada en la revista Arquitecturas del Sur n° 22, pág. 15, Archivo de Arquitectura Universidad del Bío Bío.  

La bóveda puede ser concebida al mismo tiempo como una plaza cubierta, la concentración comercial fomenta una intensa actividad social dentro de esta manzana, en el centro del edificio, una pileta acompaña el bullicio. Consideremos el Mercado entonces como un espacio público, al fin y al cabo todos podemos entrar o cruzar para cortar las distancias… he ahí una de las riquezas del edificio y su amplitud espacial. 

Fig. 13 - Interior del Mercado posiblemente en las décadas de 1950 o 1960. Se aprecia una disposición diferente de los puestos. Archivo diario El Sur
 
Funcionalmente el edificio brinda mejoras al servicio y venta de productos, acorde a los tiempos y a la influencia de aspectos tan diversos como el automóvil, se brinda el espacio para que se estacionen automóviles en Caupolicán y en Rengo. Por otro lado, ya no son los carretones que van a dejar la mercadería sino que aparecen los camiones, por lo que en buena parte de calle Rengo, se propusieron una serie de aparcaderos para camiones con respectivas entradas para ingresar la mercadería formando un área de descarga, (Fig. 14). En la década de 1980 se decide construir la Galería Las Palmas como un agregado al Mercado por lo que se suprime el área de descarga para camiones, reduciéndola a lo que hoy vemos en el acceso de Rengo entre la galería y el local de la Maletería González, otro importante comercio ubicado en el lugar. Algo similar ocurrió por Caupolicán, cuando la mitad de los estacionamientos es suprimida para construir lo que hoy es la tradicional Pérgola de las Flores, que como recordamos, hace unos años sufrió un incendio e implicó la construcción de los actuales locales dedicados a la venta de arreglos florales.

Fig. 14 - Vista del Mercado por calle Rengo hacia mediados de los 60s, se aprecia el área de descarga y a la izquierda un antiguo acceso, todo esto reemplazado por la Galería Las Palmas. Fotografía publicada por el diario El Sur el 28 de abril de 2013



Figs. 15 - 16 - 17 - Diversas estampas del Mercado hacia inicios de la década de 1970, en las primera fotografía vemos los puestos interiores dedicados a la venta hortalizas y frutas, en la segunda algunos puestos dedicados a la venta de arreglos florales y coronas y en la última vemos una de las tantas cocinerías ubicadas en el lugar, importantes piezas dentro de la historia del Mercado Central. Postales publicadas en delcampe.net.

Diversos locales de importancia se instalan en el edificio del Mercado, como es el caso de la panadería Claramunt o Ancla y Cadena,  (Fig. 18), afamado almacén dedicado a la venta de insumos textiles.

Fig. 18 - Conocida imagen en la que vemos el Mercado y el antiguo estacionamiento por calle Caupolicán, parte de este estacionamiento fue suprimido para construir la Pérgola de las Flores, lugar que pasó a ser un importante y tradicional punto del Mercado y de la ciudad.

Desde la década de 1980, el Mercado comienza a cambiar, en primer lugar, como mencionábamos antes, se construye la Galería Las Palmas ocasionando en primer lugar el cierre del área de descargas y en segundo lugar la aparición de una nueva galería para el centro de la ciudad, algo inconexa del resto del sistema de galerías e inconexa también del mismo Mercad en aspectos formales y espaciales, todo en el contexto posmodernista y quedando como un claro agregado que más bien rellena el anillo de almacenes que rodea la bóveda misma del edificio. Más tarde el Mercado pasa a ser una sociedad privada que administra el inmueble y que desde la década la 1990 hasta hace unos días pasaría por largos procesos y problemas legales sobre la propiedad, además de estar en la mira de las inmobiliarias y de muchos agentes que deseaban sacar provecho de la manzana, la más cara de la ciudad. La poca mantención realizada al edificio en las últimas décadas lo tornó de una tonalidad oxidada, gris y decadente, hace poco tiempo su techumbre vapuleada por el paso del tiempo fue cubierta de una serie de plásticos para que no ingresaran las aguas lluvias al interior, formando una horrible cubierta improvisada que denigraba completamente al edificio y demostrando el descuido ante edificaciones históricas en la ciudad. Si bien logró, (en alguna medida), evitar el ingreso de agua, propició esa imagen de que el edificio era una ruina decadente que muchos querían ver en el suelo. Sí, mucha gente pensaba así, es un hecho, pero a veces el prejuicio y la poca visión es muchas veces más fuerte que la realidad, pero como podemos ver en la fig. 19, su presencia se mantenía imponente e importante dentro del centro de la ciudad. 


Fig. 19 - Vista del Mercado el 13 de marzo del presente año, cubierto por el plástico azul que cubrían sus oxidadas latas. Fotografía del autor tomada desde el Edificio Pedro de Valdivia.

No entraré en detalles sobre el denso proceso legal y los conflictos que sucedieron en el último tiempo con respecto a la propiedad del edificio, la idea de este artículo es más bien no olvidar el “Mercado” como lo conocimos, como un sitio lleno de historia y tradiciones. Tradiciones que lamentablemente un 28 de abril de 2013 fueron consumidas por un incendio que prácticamente consumió el área de la bóveda, (Figs. 20 - 21). El incendio arrasa con las carnicerías, con el sector de hortalizas, con varias yerberías, cocinerías… con el esfuerzo y empuje de muchas personas que veían como el fuego se llevaba no sólo su fuente laboral sino que además una parte de su vida. Así mismo, el fuego consumió rápidamente los casetones de madera que formaban la techumbre de la bóveda y paulatinamente el esqueleto quedaba al descubierto, una estructura que soportó los terremotos de 1960 y 2010, soportó el olvido y problemas legales y soportó los buitres que nunca pudieron atacar, claro, porque los buitres buscan carroña pero el Mercado nunca lo fue. Todo lo contrario,  debemos tener en cuenta que a pesar de haber estado alicaído y con una depresiva imagen por años, era el punto con mayor vida, actividad, color y sabor de la ciudad de Concepción.  


Figs 20 - 21 - Dos vistas del incendio que consumió el Mercado. Así como el fuego consumió capa por capa desde los plásticos a los casetones de madera, paulatinamente aparecía la estructura de la gran bóveda. Fotografías del autor.

Tras la vorágine de humo y cenizas aparece un esqueleto de huesos esbeltos y bien articulados que se ha mantenido intacto, sobreviviente fatídico y candente escenario. Ese esqueleto es de piezas esbeltas, estilizadas y al mismo tiempo de una cierta elegancia. A pesar de la destrucción, es innegable la belleza de la estructura de nuestro querido Mercado, su delgada estructura que parece frágil y liviana ha demostrado ser fuerte y resistente, (Fig. 22). En ese sentido recordemos que no es el primer incendio de una pieza importante de la ciudad...

Fig. 22 - Interior del Mercado tras el incendio. La imagen habla por sí sola. Excelente registro de Osvaldo Mondaca Mellafe

Casi 30 años atrás, específicamente el 21 de septiembre de 1973, el Teatro Concepción, abandonado por 13 años tras el terremoto de 1960, arde en llamas ocasionando un efecto de dolor e impotencia en los penquistas de la época y que apreciaban la mole cultural proyectada por Juan Eduardo Fehrman en 1885. Tras ese incendio, sus muros permanecieron tres años más como una muda ruina de un glorioso pasado cultural de la ciudad. En 1976 se termina por derribar y simplemente se fue el viejo teatro. Tal vez si las nociones de preservación de la memoria y de proteger la historia que tenemos hoy en día hubiesen existido en 1973, se hubiese podido mantener esa cáscara del Teatro Concepción e incluso haber propuesto una nueva sala de espectáculos teniendo de base la antigua estructura, (Fig. 23). A lo que voy con esto es que es de esperar que cualquier cosa que se plantee sobre el esqueleto existente del Mercado respete los valores propios de la propuesta arquitectónica original, no cayendo en cursilerías ni clichés como los publicados el año pasado por el municipio penquista, que realmente parecieron una broma de mal gusto y un ejemplo más de los cambios forzados de la ciudad actual a favor de arquetipos importados de otras latitudes y de la instauración de modelos sociales y económicos que ponen en riesgo nuestra identidad. Reflexión ya hecha dentro de un artículo pasado, favor revisar: http://concehistorico.blogspot.com/2012/10/monumentos-del-viejo-extremo.html

Fig. 23 - A la izquierda tenemos el incendio del Teatro Concepción, a la derecha, una vista aérea del estado en que quedo el edificio tras la remoción de escombros. Fotografías publicadas en el diario El Sur del 22 de septiembre de 1973 y en el Atlas Regional de la VII Región, (1975), respectivamente.
El Mercado Central es de todos nosotros, es parte de nuestra historia y lo seguirá siendo, el incendio es un hecho más en esa historia, esa historia que va desde la Recova, desde los carretones… una historia que se seguirá escribiendo y que dependerá de nosotros como ciudadanos mantener viva. Nuestra ciudad es rica y llena de puntos de interés, no dejemos que se pierdan ni se olviden, valoremos lo nuestro y protejámoslo!

Agradecimientos especiales a Cecilia Ananías, Osvaldo Cáceres, David Maulen y Osvaldo Mondaca Mellafe

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS DE LUIS DARMENDRAIL SALVO (excepciones marcadas)
SI DESEA UTILIZAR PARTE DE ESTE MATERIAL, FAVOR CONTACTAR A luizzds@gmail.com


sábado, 9 de marzo de 2013

LA FEMME ARCHITECTE

Por siglos, la arquitectura fue una disciplina limitada exclusivamente a los hombres, ellos diseñaban proyectaban, diseñaban, construían… de hecho hasta iniciado el siglo XX aún era impensado en algunas latitudes que una mujer se atreviese a estudiar arquitectura. Si retrocedemos un poco en el tiempo, nos encontramos con las primera mujeres involucradas con la arquitectura y la construcción en el mundo como lo fue Katherine Briçonnet, francesa que entre 1513 y 1521 supervisa e incide en el diseño y construcción del Château de Chenonceau o Lady Elizabeth Wilbraham, aristócrata inglesa a quien se le atribuyen obras como la Wotton House o el Weston Hall construidas en el siglo XVII. Se tiene registro que Wilbraham poseía amplios conocimiento de arquitectura y construcción además de haber estudiado cabalmente el trabajo de Palladio. Tambien inglesa fue Mary Townley quien a fines del siglo XVIII realiza diversas obras de las que se destaca la Townley House, importante monumento que estuvo a punto de ser demolido en la década de 1960. Ahora bien, se ha estimado que la primera mujer calificada con el título de arquitecto propiamente tal fue la finlandesa Signe Hornborg, quien se gradúa en 1890 del Instituto Politécnico de Helsinki y realiza obras como el Newanderin Talo que pasó a ser el supuesto primer edificio proyectado íntegramente por una mujer. 

Chile lamentablemente tuvo que esperar un poco más para poder ver una mujer con el título de arquitecto, si en Europa aún era mal visto ver mujeres profesionales a principios del siglo XX, imaginen entonces la situación en los países americanos, dominados por el machismo y en los que la arquitectura y la construcción eran tarea de hombres. 
Château de Chenonceau, en cuyo proyecto participó Katherine Briçonnet.
Planos de la Wotton House, en los que supuestamente participó Lady Elizabeth Wilbraham. Más datos de su figura se pueden encontrar en: http://myriammahiques.blogspot.com/2011/09/book-about-first-lady-in-architecture.html

En 1930 se titula la primera arquitecta en nuestro país, Dora Riedel y tras ella, fueron pocas las mujeres que dieron el paso, pocas pero significativas. A pesar de la tardía inclusión de la mujer en la arquitectura, es importante destacar que su inclusión coincidió con la aparición de la arquitectura moderna en nuestro país y muchas arquitectas fueron fundamentales en la masificación de los preceptos de la arquitectura moderna, en especial en el sur de Chile, con posterioridad al terremoto del 24 de enero de 1939, que destruye ciudades como Chillán, San Carlos y Concepción.

Concepción en la década de 1940 pasa por un proceso de reconstrucción tras el terremoto de 1939 y nuevos nombres se acoplan al equipo de arquitectos ya conocidos en la ciudad. Aparecen las obras de Guillermo Kaulen, Julio Ríos, Luis Herreros, Fernando Moscoso, Augusto Ibáñez del Campo, Santiago Aguirre, y también de las primeras mujeres en trabajar en la zona, hablamos de Luz Sobrino y de Inés Frey, (esposa y compañera de trabajo de Santiago Aguirre). Luz Sobrino trasciende con sus obras en 1940, principalmente edificios residenciales y comerciales, los que se riegan por la ciudad, su obra se extendería en las décadas de 1950 y 1960 de la mano de un equipo formado con su marido. Las obras de Sobrino se insertan dentro de la adaptación de líneas modernas en Concepción, son bastante funcionales y priorizaban el volumen por sobre elementos estéticos. En cualquier caso, ella realizó proyectos bastante clásicos y estandarizados, más bien aludiendo al gusto de clientes que tal vez no deseaban una “vivienda moderna”. Un gran portafolio del cual quedan varios ejemplos en la ciudad pero que poco a poco se ha ido borrando, se tiene conocimiento de una vivienda proyectada por ella que se demuele en la década de 1960 y que estaba ubicada en algún punto de lo que ahora es la Remodelación Paicaví, otra vivienda de su autoría desaparece tras la demolición del pasaje Eusebio Lillo de manos de Cencosud, 

Recientemente desapareció otra vivienda ubicada en calle Camilo Henríquez 1841. Otras obras destacadas de ella son las construcciones del pasaje Portales,  en Barros Arana entre Colo Colo y Castellón, en ese pasaje, las tres edificaciones que se encuentran frente a Ripley y a la salida del Boulevar Gascón son de su autoría. Sobrino fue una mujer de fuertes convicciones y con una prolífica carrera  que también se destacó en la pintura. En 1999 se inaugura una escultura a la memoria de ella, realizada por la escultora Sandra Santander, el monumento está ubicado precisamente en el pasaje Portales, donde además de realizar tres obras, una de ellas era su residencia y oficina.

Hotel Bío Bío en 1963, ya en esos tiempos era uno de los más prestigiosos de la ciudad y desde 1940 llamaba la atención por su altura, su ubicación en un terreno más bien angosto y la modulación de sus balcones de canto curvo tal como los vidrios ocupados en las ventanas. El hotel en 1960 recibe a Violeta Parra como huésped mientras ella visita la UdeC en la Escuela de Verano de aquel año.
El hotel y sus vecinos a mediados de la década de 1960, a lo lejos se ve el Edificio Pedro de Valdivia de Hempel y Roi, luego el Ritz de Cruz Montt y la Galería Martínez. Nótese además el paradero de buses que estaba en las afueras del Cine Ducal, (donde actualmente está Pre-Unic).

2008, poco quedaba de vida al hotel y al edificio en sí
Estado actual del edificio tras la demolición de la fachada y posterior instalación de una tienda.

Barros Arana 176 - 180, construido en 1942.

Lo que queda de la placa que recuerda el nombre de la autora.
Barros Arana 226, construido también en 1942

Detalle de Barros Arana 226


Lo que quedaba de la placa, actualmente está cubierta por un letrero luminoso.

Viviendas en Salas 990.

Placa de las viviendas de Salas 990.
Vivienda en Camilo Henríquez 1841, demolida el 2012.



Edificio comercial y residencial en Maipú esquina Colo Colo de 1944, en la foto inferior vemos la placa impresa en uno de los muros exteriores.
Memorial a Luz Sobrino de Sandra Santander realizado en 1999, al fondo se ven dos de los tres edificios que proyectó la arquitecto en el pasaje Portales. Fotografía cortesía de http://www.flickr.com/photos/spaudo
Gabriela González de Léniz fue otra gran dama de la arquitectura que se destacó en Concepción, primero con su participación en la realización del proyecto de la Escuela de Medicina de la Universidad de Concepción, más conocido como el “Arco” y que pasó a ser un ícono no sólo de la Universidad, sino que de la ciudad, el proyecto en sí estuvo a cargo del arquitecto Edmundo Buddemberg, con el que volvería a trabajar en 1956 en el Edificio ICONSA, ubicado en San Martín 633, uno de los primeros edificios de altura considerable en la ciudad, junto al edificio EMPART ubicado a solo unos metros de distancia que fue proyectado un año antes. González volvería a trabajar más tarde con Buddemberg, pero en 1958 trabaja sola en el proyecto de Aníbal Pinto 513/535 en el que se ubicaría el Centro Árabe y más tarde la dupla González/Buddemberg se reúne para trabajar asociados a Osvaldo Cáceres y Alejandro Rodríguez formando un equipo que proyecta el Edificio FIUC, siendo este uno de los edificios más importantes de la ciudad por décadas. Los edificios en los que trabajó Gabriela González pasaron a la posteridad como resistentes edificaciones que aguantaron los terremotos de 1960 y 2010 y además por ser pioneros en pasarse de 4 o 5 pisos. Tras 1960, la ciudad tendría una explosión residencial y se llenaría de torres en los que González volvería a intervenir. Junto a Osvaldo Cáceres, trabajarían juntos en la reposición del Cine Ducal, edificio que sufrió leves daños tras el terremoto de 1960, y originalmente un proyecto de Guillermo Schneider de 1937 y además trabajaron juntos en el edificio ICONSA 2, el cual contenía el Cine Lido, sala de espectáculos también de la autoría de la dupla Cáceres/González.
Escuela de Medicina a mediados de la década de 1950. El proyecto se establecía como un pórtico que daba la bienvenida a la universidad, cabe considerar que Janequeo se proyectaba al interior del campus y pasaba por el edificio. Cortesía Archivo Fotográfico de la Universidad de Concepción.
Edificio ICONSA en San Martín 633.

Vista de los dos primeros "rascacielos" de Concepción, en primer lugar el edificio ICONSA de González/Buddemberg y al fondo el edificio EMPART del arqutiecto Iván Godoy proyectado en 1955.

Aníbal Pinto 513/535, un edificio que además posee una galería comercial que se empalma con la galería del Centro Español, anclándose en el circuito comercial de las galerías de Concepción.

FIUC a mediados de la década de 1960. Cortesía de educarchile.cl


Aníbal Pinto 513/535. El edificio no sufre daños tras el terremoto de 1960, en la fotografía aparecida en el diario del día despúes del terremoto se menciona la caída de escombros de la municipalidad y de edificios aledaños. El edificio salva ileso entre el polvo y las ruinas.
Especial mención se hace de Inés Frey que con su marido Santiago Aguirre, realizan diferentes proyectos en Concepción en especial para la industria cinematográfica y el comercio, ejemplo de ello es la Galería Irazábal, que contenía el Cine Cervantes (1943), de la cual llaman la atención sus magníficas escaleras. Tambipen proyectan el Teatro Astor en 1944, el cual actualmente es la discoteca Havana Club, y a ellos se les atribuye la realización del Cine Lux de 1942, demolido el año pasado para dar paso a una tienda Tricot: http://concehistorico.blogspot.com/2012/02/breve-vistazo-concepcion-y-las-salas-de.html). De 1944 también se destaca el Edificio Pecchi, el cual es bastante interesante por su volumetría y composición de fachada, es un edificio residencial con comercio en su primer nivel, los departamentos son escalonados en niveles, a simple vista parecen 3 niveles pero en realidad son 8 que se van articulando formando medios pisos, una idea bastante alejada de lo tradicional y que fue destacado en publicaciones como Arquitectura y Construcción. El Edificio Pecchi se inspira además en la arquitectura soviética de los tiempos en que el constructivismo ruso daba que hablar y sobresalía como un potente antecedente y manifestación de la arquitectura moderna.
Estado actual de la Galería Irazábal, en Barros Arana entre Rengo y Caupolicán.

Edificio Pecchi, (1944).
TEXTO Y FOTOGRAFÍAS DE LUIS DARMENDRAIL SALVO, (excepciones marcadas). PARA CONSULTAS, REFERENCIAS, CONTACTO, REUTILIZACIÓN DE MATERIAL, ETC. COMUNICARSE A luizzds@gmail.com



sábado, 9 de febrero de 2013

PATRIMONIO NATURAL EN RIESGO

El siguiente artículo tiene por objeto hacer una breve revisión a un serio problema que aqueja al Gran Concepción y que tiene que ver con la relación de la ciudad con su patrimonio natural. 

El crecimiento de las comunas del Área Metropolitana de Concepción manifestado a través de conjuntos residenciales y la formación de nuevos centros urbanos que aparecen en un abrir y cerrar de ojos han sido variables incidentes en una serie de daños irreparables al medio ambiente y a la biodiversidad que convive con las áreas urbanizadas del AMC.

Este un tema de extrema urgencia puesto que vivimos en un planeta que tiende a la autodestrucción y mientras se pregona el diálogo con la naturaleza, en nuestro país, las políticas ambientales han sido y están siendo cada vez más nefastas. Las ciudades destruyen paulatinamente su patrimonio natural y no existen organismos que fiscalicen ese tipo de actos y si los hay, prefieren no escuchar ni interesarse. Además es un tema delicado puesto que hay numerosas variables ecológicas que de no cuidarse afectarían seriamente la calidad de vida de los habitantes. 

Hechos como el constante relleno de humedales y la poca consideración con lagunas, cerros y ríos es un tema realmente preocupante puesto que es un daño que se hace a vista y paciencia de todos nosotros. Si lo analizamos fríamente, en el Gran Concepción se han rellenado lagunas, ríos, se han dinamitado cerros, se ha barrido con zonas boscosas y se ha negado constantemente el patrimonio natural considerando a modo de migajas un porcentaje mínimo de áreas verdes y de zonas naturales protegidas. 

Desde el relleno de la Laguna de los Negros hace décadas a la deforestación del Cerro Chepe, pasando por el corte de cerros como La Pólvora y Chacabuco o el mismo relleno de pajonales a principios de siglo XX en los sectores de La Toma dan cuenta de una excesiva modificación del territorio original del Valle de La Mocha, aludiendo a un proceso de adaptación de los habitantes y las funciones que el paso del tiempo añadía al diario vivir. Ahora bien, estamos en el 2013, hemos visto los problemas que conlleva la destrucción del medio, por lo que tenemos que valorar lo que queda y protegerlo.

La relación con nuestros cuerpos de agua es realmente fría y distante, la conexión con el Bío Bío sigue siendo una quimera, en vez de acercarnos, nos alejamos cada vez más con un proyecto ribera norte que se perdió entre cajones hormigonados y un Mall que se jacta de ser un mirador y es más bien un pastiche de letreros que potencia la fragmentación y segregación de un sector que merece una atención seria y pronta. Tenemos otro río, aunque usted no lo crea, el Andalién, ¿cuándo será considerado ese río?. Un par de juegos al lado de la Rotonda General Bonilla y una serie de basurales hacia el camino a Penco dan cuenta que no es un río, es más bien una acequia que al aproximarse a fin se encuentra con una serie de conjuntos plastificados y condominios en las Lomas de San Sebastián. 

Las lagunas de nuestra ciudad también se encuentran en una situación de riesgo, nuestra ciudad posee un rico conjunto de cuerpos de agua, no sacamos nada con limpiar por aquí y por allá un par de desechos una vez al año, el tema es integrar las lagunas a la ciudad y que se optimicen, no sólo como meros paseos o accesorios institucionales, (...), sino que entrelacen con el resto de la urbe, al final quedan como pozos de agua entre las manzanas de la ciudad.


Casos como el Valle de Paicaví en el que antiguas chacras y humedales pasaron a formar un conjunto residencial inspirado en un mal revival smithsolarianogeorgian en el que más encima se hace una calle que pasa por sobre el humedalel cual es uno de los humedales de mayor extensión en Concepción y con una rica biodiversidad que paulatinamente se pierde. Bueno, el terremoto del 27 de febrero hizo colapsar parte de los rellenos y el agua broto a la falsa superficie, pero no importa, al parecer el pensamiento es que no habrán más terremotos.

Vista del Valle de Paicaví en 2002 y 2012, desde fines de la década de 1990, se inicia la erradicación de una serie de chacras que existían hacia calle Paicaví que daría paso al loteo que se aprecia en el borde superior de las imágenes. El mismo reemplazo de chacras por el loteo hizo peligrar la existencia del mismo humedal. 
Destrucción y trabajos de relleno en el humedal en cuestión. Fotografía extraída de Panoramio, capturada por el usuario Luis Enrique Fritz, seleccionada para Google Earth. 

Mucho más drástico es lo que ocurre actualmente con las Lomas de San Sebastián, sector que ha crecido de forma desmedida con una serie de condominios, edificios de media altura y una serie de equipamientos que ha motivado el relleno de numerosos humedales y que paulatinamente se está aproximando a la ribera del río Andalién. 

Crecimiento de zonas residenciales en los sectores de Lomas de San Andrés y Lomas de San Sebastián, las zonas bajas del cerro en el cual está el Kingston College, eran zonas húmedas con una gran diversidad de aves. Hoy en día, prácticamente han desaparecido con una serie de viviendas que se construyeron y un gran centro comercial próximo a ser entregado.  
Labores de relleno del humedal en cuestión. La imagen habla por si sola. 
La pequeña poza de agua en medio de los rellenos, a lo lejos se aprecia la Universidad de Las Américas.
Panorama del sector con los movimientos de tierra, al fondo el cerro y el Kingston College.
Contrastes

Los humedales y zonas ribereñas a canales también están siendo rellenados en las zonas intercomunales, por ejemplo, lo ocurrido en el sector Brisas del Sol y el Casino Marina del Sol en el que se rellenaron numerosas zonas húmedas y el mismo terremoto del 2010 hizo notar las falencias de vivir en esas zonas de naturaleza modificada. Hay que entender que toda el área que está entre Talcahuano y Concepción hacia la costa es terreno inundable, corresponde a una serie de vegas y de canales con humedales. 

Vivienda construida en una zona rellenada próxima al canal que cruza  el sector. Extraída de prontus.diariosregionales.cl
Vistas del 2002 y 2012 del área en la que está situado el Casino y el conjunto Brisas del Sol.

La zona colindante con el humedal Price en Hualpén también es una zona que se ve amenazada por los rellenos y contaminantes. El anuncio de la construcción de un nuevo mall, asociado a los ya existentes comercios que son propiedad de Cencosud a unos metros del humedal, hacen peligrar el delicado ecosistema allí existente. 

Una situación lamentable para una ciudad que tanto habla de progreso y crecimiento, con nuevos barrios con nombres que apelan a la naturaleza pero que lo menos consideraron fue ella. Muchos cipreses sin cipreses, brisas sin brisas, ríos sin ríos, muchos dones y nombres de caballeros pero poca visión respecto a la sustentabilidad y el respeto a la biodiversidad y ecosistemas presentes. 

Lamentable que entre tanto "progreso" las lloicas deben convivir con autos, los queltehues con plazas de juegos y las garzas blancas buscan un humedal pero sólo encuentran secos y vagos condominios... 

Es de esperar que esta situación algún día cambie!


Texto y fotografías de Luis Darmendrail Salvo, (excepciones marcadas)
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